Teatro institucional y soberanía ciudadana de las naciones de España (seguda parte)

Ancor Mesa Méndez

@ancormesa

Hoy comparto la segunda parte una reflexión surgida a raíz de una de las conversaciones que suelo tener con mis colegas acerca del proceso soberanista catalán. En este caso centrando la atención sobre la asimetría de la repercusión mediática de los conflictos nacionales y sociales del Estado español. Bajo mi punto de vista los problemas vinculados a la demanda de soberanía de la ciudadanía catalana no son solo endógenos de Catalunya, sino el resultado del sistema social que se deriva del diseño institucional del Estado y la (falta de) equivalencia entre las fuerzas políticas y económicas que suscribieron el vigente ‘régimen del 78’, como bien suele señalar el Dr. Vicenç Navarro.

La España plurinacional. Wikipedia.org

La España plurinacional. Wikipedia.org

No compro la concepción de Catalunya como una unidad y de España como otra. Ni Catalunya parece una sociedad cohesionada, ni su riqueza está justamente repartida, ni todos sus ciudadanos tienen las mismas condiciones y oportunidades, ni mucho menos representa una sociedad muchísimo más plural de la que puedan serlo otras de las naciones españolas. Tampoco España es otra unidad, ni mucho menos, y chorros de tinta y litros de saliva hemos invertido ya en discutir esto. Considerar todo esto como un conflicto Catalunya vs. España, es una concepción profundamente xenófoba y alarmantemente inconsciente acerca de la diversidad social y cultural de este país.

Tampoco me parece muy atinada la extendida concepción que se extiende entre muchos de los políticos e intelectuales residentes en Catalunya que afirma que el resto de españoles presenta mayoritariamente una desinformación y un desinterés patológico acerca de Catalunya. Como anécdota, recuerdo perfectamente cuando, en el temario de ‘Historia de España’ de segundo de Bachillerato (asignatura troncal y evaluable en la selectividad de mis 18 años) estudié, desde La Orotava, mi pueblo en el norte de Tenerife, el surgimiento del catalanismo, el desarrollo de la revolución industrial en Catalunya y una inmensidad de sucesos y personalidades de esta tierra, mientras echaba de menos tan solo una sola palabra escrita sobre mi tierra. ¿Qué saben y qué interés tiene un catalán o un castellano por Canarias, al margen de su paisaje y su clima? Es inadmisible, pero la realidad es que Catalunya, Madrid, Euskadi y poco más, forman parte del temario informativo de nuestro escenario mediático y tertuliano. No hacen falta muchos datos para darnos cuenta de que no fluye la información de forma simétrica acerca del resto de la periferia española. Por otra parte, es una falacia que me llena de indignación pensar que desde el resto de España no exista simpatía acerca del proceso soberanista catalán. España no son sus medios masivos de comunicación ni su clase político-empresarial, porque estos son solo cuatro gatos y, más o menos, sabemos donde viven.

Regresando por navidad Tenerife, mientras volaba, me preguntaba cuánto tiempo pasaría para que surgiera una conversación acerca del tema soberanista catalán. La respuesta fue rápida, unas cuatro horas después de mi aterrizaje y, sorprendentemente para los que se creen aquella falacia, la mayoría de las opiniones de mis colegas eran más de empatía e incluso ilusión con este proceso. Hablamos acerca de la cantidad de cosas que los canarios tampoco podemos hacer por no tener reconocidos nuestros derechos nacionales y todos andábamos de acuerdo en que, por mucho que la derecha centralista ladrara y pataleara no se podía impedir, desde las convicciones democráticas, que la ciudadanía votara. Nos entusiasma la idea de abrir la lata de la Constitución de una vez. El problema de la idea de ‘España’ en Catalunya, en mi tierra (y también en el resto de lugares del país) es que siempre ha sido monopolizada por la derecha, el centralismo, el fascismo y todo el conservadurismo de la península central en general. Yo, al igual que la mayoría de colegas que he tenido en mi vida, hemos sentido siempre una gran admiración por la sociedad catalana, por su desarrollo y porque ha representado siempre un fuerte contrapunto a esta idea de la España como un todo homogéneo, taurino, monárquico, castizo, integrista y latifundista. Porque Catalunya es una nación en que tiende a hacer valer con fuerza la diferencia, porque ha sido abanderada de las eternas aspiraciones de las naciones periféricas de este país y porque sin los avances en este sentido que han llevado a cabo los grandes luchadores por la justicia social y nacional en Catalunya, los canarios, a lo mejor, todavía seguiríamos respondiendo ante un gobernador civil foráneo y elegido a dedo por un régimen aún menos democrático que el que tenemos. Esta lucha es también nuestra lucha y la de muchos otros y me resulta profundamente injusto que de todo esto se estén aprovechando las derechas de ambos lados del Ebro para fomentar la xenofobia, salvar su culo y el de los que defienden y seguir desmantelando lo poco que queda de los precarios servicios públicos al bienestar en todo el Estado.

Me declaro como un firme defensor del derecho a decidirlo todo y me ilusiona especialmente acabar con el régimen de la ‘inmodélica Transición del 78’, que se abra la caja de Pandora de este Estado tan injusto y tan antidemocrático, que de una vez por todas las diferencias sean reconocidas y aceptadas, que cada nación haga lo que le venga en gana con su soberanía,. Pero, sobre todo, que el status quo se ponga en jaque y que amanezca de una vez por todas una sociedad más igualitaria. La ciudadanía catalana puede ayudar a liderar el cambio si se encuentra lo suficientemente articulada bajo una idea clara de fraternidad y justicia y espero que todos nos sumemos a esta clase de cambio. Si dejamos que el proceso lo sigan ostentando nuestras élites, el resultado será más de lo mismo con una bandera diferente y eso no merece solidaridad, sino nuestra denuncia. Las ciudadanías de las naciones de España merecemos mucho más y las clases catalanas más desfavorecidas (así como la canaria, la aragonesa, la vasca, la castellana, la andaluza, la valenciana, la gallega, la asturiana y las del resto), ni te cuento.

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2 Respuestas a “Teatro institucional y soberanía ciudadana de las naciones de España (seguda parte)

  1. Interesante opinión, aunque no entiendo porque hablas de naciones de España, cuando legalmente y constitucionalmente solo hay una reconocida en el marco político e internacional. Independientemente del uso que se le de a la palabra Nación, que puede tergiversar de un discurso a otro. Tegiversar o adquirir un significado, un otro, una nación diferente.

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