Teatro institucional y soberanía ciudadana de las naciones de España (primera parte)

Ancor Mesa Méndez

@ancormesa

Hace poco menos de un mes mantuve una conversación con unos amigos catalanes a través de Facebook sobre el actual escenario del proceso soberanista de estos lares. A mi entender, la clave de la conversación giraba al rededor del derecho de las naciones de España a ejercer su soberanía ciudadana y el esfuerzo que, bajo mi punto de vista, están llevando a cabo las derechas de ambos lados del Ebro para tapar bajo las banderas sus ya más que indignantes atropellos sobre los derechos sociales de la ciudadanía de todo el país. Tener este tipo de conversaciones, desde el respeto, la cordura y el aprecio, ayuda muchísimo a aprender a posicionarse ante el inmenso caudal de consignas, campañas y maniqueismo que fluye por todo tipo de medios de comunicación masivo y no tan masivo. Hoy me he decidido a publicar gran parte de uno de los intercambios que tuvimos, donde tratábamos de juzgar el papel que están teniendo los partidos políticos catalanes en su habitual teatro de poder. Particularmente me centro en el juego entre ERC y CiU. Durante esta semana publicaré la segunda parte, más centrada en una valoración de todo el proceso en general y su imbricación en las aspiraciones ciudadanas y nacionales del resto de la periferia española.

alternativaciudadana.es

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Esquerra Republicana de Catalunya, si lo que pretende es defender a la ciudadanía catalana, entendida esta como la inmensa mayoría: trabajadores humildes y honestos que tratan de sacar a sus familias adelante sobreviviendo en condiciones cada vez más precarias, desiguales e injustas, no debió permitir que CiU formara gobierno, y menos que, al frente de él, estuvieran los mismos que ya andaban por ahí cuando el señor Junqueras se ponía tras la pancarta para denunciar los innumerables atropellos democráticos y sociales que los Mas, Mas-Colell, Puig, Homs, Rigau, Ruiz, etc. procuraron durante sus escasos dos años anteriores, teniendo en cuenta su manera de tratar a la sanidad, la educación, la vivienda, al 15M, o la ‘seguridad ciudadana’. Tampoco un partido que quiere presumir de izquierda y de ciudadanía puede permitir que otro partido ostente el gobierno de una nación, cuando sabemos que se encuentra inmiscuido en casos de corrupción tan detestables como el del Palau de la Música, el Pallerols, el de los espionajes o el de las presuntas comisiones cobradas por la gestión de los contratos públicos de toda clase (aquel 3% o vete tú a saber cuánto más…). Tampoco creo que los que pretenden defender a la clase trabajadora deban dar su apoyo a un President y unos consellers que están en perfecta connivencia con la manera de entender la economía del Partido Popular, la Troika, o los fondos buitres de inversión, como se ha demostrado hasta la fecha. Desde luego, el partido que se quiere convertir en la referencia de izquierdas en el país no puede permitir, de ninguna manera, que se venda vivienda social a tiburones y buitres financieros internacionales, al menos por aquello de “¿qué clase de país independiente queremos cuando lo público no nos pertenece?”

Muchos de los votantes de ERC suelen alegar que, con su apoyo a Artur Mas, se ha obligado a CiU a adoptar medidas sociales como el reestablecimiento del impuesto de sucesiones y una (más que tímida) subida tributaria a las rentas altas, entre un algunas buenas intenciones más. Bajo mi punto de vista, estas son extremadamente insuficiente ante el contexto social actual. Por supuesto, se podría hacer mucho más, incluso teniendo en cuenta el limitado margen de acción de un parlamento secuestrado por la voluntad de los poderosos y por los vergonzosos escollos al desarrollo democrático que instaura el actual Estado Español. Por ejemplo, no he visto ninguna iniciativa para detener la sangría de desahucios, ni tan solo un mínimo espaldarazo a la labor que están llevando a cabo las entidades sociales y los grupos como la PAH que están haciendo la labor de los que se supone representan al pueblo catalán. Desde luego, tampoco se le ha visto a ningún político de ERC alzar la voz ni insistir en la necesidad de auditar la deuda pública, ni denunciar, ni por la vía judicial ni por la política, el expolio de La Caixa, CatalunyaCaixa, Banc Sabadell y del resto de entidades financieras catalanas al que han sometido gran parte de los catalanes durante décadas (preferentes, SICAVs, hipotecas abusivas, etc.).

Claro, resulta imprescindible entender que la base electoral de ERC no precisamente está arraigada en las clases más populares, así que puede ser que no hayan traicionado a la mayoría de sus votantes. Pero las personas que siempre creímos en las buenas intenciones de los integrantes de ese partido, nos sentimos ahora decepcionados. La soberanía nacional, la soberanía ciudadana, al fin y al cabo, no se negocia con corruptos, ni se intercambia a cambio de prebendas y de indulgencias a quienes hasta la fecha, bien poco les ha importado el desarrollo social de su nación. Los poderosos corruptos piensan y sienten que su nación son sus intereses y los de sus iguales. No nos engañemos con falsas ilusiones, la estelada que empuña este president no es la misma que pueda ondear en el balcón de cualquier barrio de clase obrera y, aunque, de colores iguales, no representan a la misma ciudadanía.

La soberanía de las naciones de España, en este caso concretamente la de Catalunya, es un conflicto político (una necesidad, de hecho) que supera a Artur Mas, pero no es necesario pararse mucho a pensar que Convergència y también Unió y el Partido Popular, especialmente, están convirtiendo la oportunidad del auge de la reclamación de soberanía ciudadana como coartada perfecta para salvar los muebles después de haber sido uno de los actores protagonistas y responsables principales de la debacle que ha experimentado la sociedad catalana en los últimos veinte años. No creo que los patriotas de verdad (aquellos que defienden el bienestar de su ciudadanía por encima de toda injusticia), debieran contribuir a que estos señores salgan de rositas. Yo creo en la conquista de lo que nos pertenece y en el procesamiento de los delincuentes y así creo que debieran de comportarse los ‘padres y las madres de mi patria’.

Fin de la primera parte.

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