¿A qué se refieren con “salir de la crisis”? (por Lorenzo Vidal)

Les paso un artículo, publicado en el diario Público.es, muy pedagógico de Lorenzo Vidal, miembro del colectivo EconoNuestra, sobre la paradógica relación entre la economía contemporánea, fundamentalmente financiera y acumulativa, frente a la del sentido común, real y redistributiva. Si para la ciudadanía, salir de la crisis es situarnos en el camino de la prosperidad y el retorno de la movilidad social, el trazo que nuestros grandes empresarios y políticos gobernantes han establecido no tiene nada que ver… El artículo desgrana sus diferéncias.

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La “crisis” tienen un significado muy concreto en una economía capitalista. Se refiere simplemente a las dificultades en términos de rentabilidad de los emprendimientos y las inversiones económicas privadas, lo que genera quiebras y desinversiones y se traslada en la falta de crecimiento de la economía. No se refiere a nada más. El incremento del paro, por ejemplo, sería un efecto secundario del problema, pero no el problema en si.

Se “sale de la crisis” por lo tanto, cuando se generan condiciones propicias para las inversiones rentables, lo que hace aumentar la producción de bienes y servicios y se plasma en un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB).

Esta es la simple lógica tras todas las “[contra-] reformas estructurales” del gobierno: reforma laboral (menores salarios, mayores beneficios), recortes en sanidad, educación y pensiones (la reducción de lo público ensancha el mercado para los sectores privados equivalentes), ley de costas (más espacio para construir y vender), etc. Se espera que cada reforma aporte su grano de arena en generar los suficientes espacios de rentabilidad que sumados hagan crecer el PIB. Cuando llegue ese momento, ya habremos “salido de la crisis”.

La sensación que aún pervive en el imaginario colectivo de que cuando llegue ese momento podremos volver a tiempos, falsamente idealizados, de acceso a trabajo, vivienda, sanidad, educación y jubilación dignas es rematadamente errónea. Es precisamente mediante la destrucción y privatización de estos que el capital está buscando acumularse y volver a crecer. Con el crecimiento económico se reducirá un poco el paro, con bajos salarios y formas contractuales precarias, y el que pueda costearse los servicios anteriormente públicos la hará, el resto tendrá que apañarse con lo que quede de unos servicios públicos degradados.

La historia además no termina aquí, sino que debemos recordar que las crisis son un fenómeno endógeno, estructural y recurrente de la economía capitalista. En otras palabras, el siguiente periodo de auge y crecimiento generará sus propias contradicciones que llevarán irremediablemente a una nueva crisis, en la que las clases populares serán las principales afectadas, y de vuelta a empezar.

En suma, el debate de como “salir de la crisis” se podría describir con más exactitud como el debate sobre “como generar suficientes beneficios en la economía privada de forma que crezca el PIB”. El debate prosigue además a sabiendas de que: 1. tras el siguiente auge habrá otra crisis y 2. la estructura productiva del Estado español, y su lugar en la división internacional del trabajo en una economía mundial altamente competitiva, no es compatible con altos niveles salariales, por lo que incluso en los periodos de auge la mayoría tendremos que sobrevivir con puestos de trabajo precarios y de baja remuneración. En este marco, el debate es sin duda, fascinante.

Estos breves apuntes no pretenden ahondar en el pesimismo generalizado, sino que buscan disipar las falsas ilusiones generadas entorno al discurso que se centra en la “salida de la crisis” en el marco de la economía actual. La expectación contribuye a la desmovilización social, y la desmovilización nos aleja de las posibilidades de una transformación social real. En definitiva, hasta que no reconozcamos que la raíz de los problemas que sufrimos se encuentra en la dinámica propia de una economía capitalista, agravados en nuestro caso por el hecho de que vivimos en una economía semi-periférica, estaremos, en gran medida, autoengañándonos.

*Para consultar el artículo en su página original pinchar aquí.

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