Crónica de otro fiasco

cdtenerife013El pasado domingo 24 de junio, el CD Tenerife certificó su permanencia en la 2ª División B del fútbol español, perdiendo por 1 a 2 ante la Ponferradina, en el último partido de la fase de ascenso a 2ª A. Si ya fue una decepción enorme el descenso en dos años de la 1ª a la 2ª B, no ascender durante esta temporada ha sido una ecatombe muy difícil de digerir por parte del aficionado blanquiazul. Al día siguiente escuché numerosas críticas en los medios de comunicación y en la calle que arremetían contra casi todos: los jugadores, los entrenadores que pasaron por el banquillo durante esta temporada, el presidente del club, el Cabildo Insular, e incluso el propio Paulino Rivero. Es, sin duda, un episodio de crísis existencial de la institución, con una infraestructura planteada para el fútbol profesional, obligada a permanecer en una categoría semi-amateur, resulta difícil atinar en los responsables, porque todos forman parte del problema. Ahora, más que nunca, parece plantearse un futuro a la deriva.
Desgranar cómo se ha llegado a este punto será responsabilidad de los voceros e historiadores locales y ya veremos cuántas versiones leeremos. Lo que si parece evidente es que se ha seguido un modelo claro basado en contratación de jugadores en el mercado nacional que se estimaron adecuados para cada una de las tres categorías que ha ocupado el equipo en los últimos seis años de mandato del actual presidente del club: Miguel Concepción. Solamente en la temporada 2008-09 se demostró acertado, año en el que se consiguió ascender a Primera División. A partir de ahí, fiasco tras fiasco. A decir verdad, resulta un giro de tuerca esperpéntico a la política que han seguido los sucesivos presidentes blanquiazules, desde el propio Javier Pérez, conocido por ascender a primera división en dos ocasiones y otras tantas participaciones en la copa de la UEFFA, luego. Pero también por realizar los fichajes más caros de la historia del club y descender de la categoría de oro otro par de veces.
Hablando dos días antes del fatídico 24 de junio con un amigo que se está haciendo un especialista en operaciones bursátiles, discutíamos sobre la ética de la especulación. Para no desplegar todos los argumentos de esta conversación y así no aburrir al lector, simplemente diré que extraí como corolario que especular no tiene por qué ser malo en sí mismo. Uno puede esperar éxito de una inversión arriesgada si, con un conocimiento adecuado, se tiene la certeza de que su empresa prosperará. La historia reciente del CD Tenerife puede ser un buen ejemplo de una mala especulación, más bien ensoñación. No solo durante esta temporada que ahora termina, sino a lo largo de los últimos 20 años cuanto menos, los dirigentes del club y los otros tantos jerifaltes que lo respaldan económica y políticamente, han creído firmemente en la creación de un equipo profesional que ilusione a la afición tinerfeña. Y, en efecto, frente a la metáfora de la construcción, más adecuada para otras maneras de concebir un equipo de fútbol, llámense Barcelona, Athletic de Bilbao, incluso Sevilla, Real Sociedad o Betis; en Tenerife siempre se ha insistido en la pura creación de una escuadra  de fichajes competitivos, olvidando una base de jugadores criada y educada en el club. Sin una estructura de cantera que soporte la continuidad sostenible de un proyecto, las plantillas blanquiazules han reproducido el vaivén financiero de los burgueses chicharreros. En determinadas bonanzas salió bien, durante la mayoría del tiempo no tanto y, últimamente, fatal. Se ha especulado a golpe de talonario y se ha marginado el potencial de los jóvenes canarios. Ahora ni tenemos equipo, ni cantera y, si me apuran, ni futuro.Algo similar ocurre con la propia sociedad canaria. Siendo en la actualidad una de las Comunidades Autónomas con más paro del Estado Español, fuimos, hace poco, quien más o quien menos, capaces de sacar pecho de una prosperidad que hoy en día se ha demostrado superflua y pasajera, carente de bases económicas sólidas, llevadas a cabo olvidando claramente el largo plazo. En lugar de cantera hablaremos de jóvenes sin empleo (más de la mitad), cuando decíamos fichajes, ahora diremos obras faraónicas, identidad en lugar de colores y Gobierno en el de Consejo de Administración. De esta manera, tal vez, podríamos ilustrar más nítidamente qué personajes se reparten las responsabilidades de ambos descalabros. Quizás sus despachos no anden muy alejados.
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